No voy a negar que el arte
contemporáneo-a diferencia de otros movimientos artísticosmás alejados en el tiempo- no me agrada demasiado
aunque entiendo que habrá gente que le guste más. Ya se sabe que sobre gustos
no hay nada escrito.
A pesar de ello, creo que la colocación de la obra de
Ripollés en la actual ubicación es un acierto desde el punto de vista turístico
pues dota a la fachada marítima de un referente considerable y que se junta con
la Casa Carbonell-Cámara de Comercio(antiguo palacio de los Condes de Soto
Ameno y hotel cuyo último nombre fue Palas) y Plaza del Mar para crear un marco
considerable, sobre todo, cuando el sol hace acto de presencia.
Una considerable envergadura la
de la obra del escultor castellonense (ocho metros de altura) que es el epílogo
de aquella exposición abierta al público durante dos meses al final de 2009 (del
1 de octubre a 9 de diciembre) y que deja a las claras que aquello fue un éxito,
a pesar de los desagradables actos acontecidos a las pocas horas de colocarlas
y que acabó con varias obras damnificadas por ese vandalismo que se lleva por
delante cualquier atisbo de la ciudad por dejar ese cliché de sol y playa. Una
envergadura que va en consonancia con la carrera del autor, con diversas
exposiciones anuales dentro de una carrera que se extiende desde hace medio
siglo.
Cierto que habrá gente que
manifieste su disconformidad con la obra de Ripollés. No seré yo quien les
convenza de sus virtudes ni negaré sus defectos, quizás más fruto de posibles
prejuicios y que reconozco como tales. Lo que sí creo es que esa estatua
inmensa será fotografiada más de lo habitual por los turistas que sí lo verán
con otros ojos. Sólo queda desear que su imagen quede impoluta para el
beneficio de Alicante y la imagen de sus ciudadanos.