Todos, señor
Rubalcaba, somos víctimas en mayor o menor medida del terror que impone la
banda terrorista ETA. A todos nos recorre un escalofrío cuando se habla de sus
acciones. Por eso yo, españolito de a pie, no le consiento que se convierta
usted en un lacayo de oscuros intereses políticos y le recuerdo que cuando se
emplea la violencia para que se acate tu voluntad, ni se olvida ni se perdona.
Cuando una ciudad
tiembla bajo tus pies, cuando súbitamente el silencio se apodera de la mañana y
lo rompe los gritos del horror, cuando el estupor inicial da paso a la angustia
ante lo vivido, al desasosiego… Cuando piensas que lo que ves es una pesadilla
y en ese instante una mano te zarandea para devolverte a la realidad y miras a
tu alrededor para ver horrorizado la sinrazón de la muerte premeditada....
Señor Rubalcaba: ni olvidas ni perdonas.
No es justo, ni
serio, ni posible que se libere a unos asesinos porque han firmado un papel en
el que alegan arrepentimiento por sus abyectos actos y no lo es porque cuando
tras sus ideas está el tiro en la nuca y la masacre impía, señor Rubalcaba: ni
se olvida ni se perdona.
No piense ni por
un momento que estos carniceros se han convertido en dialogantes hombres de
paz, no sea tan ingenuo. No diga que ya han pedido perdón a sus víctimas porque
no lo creo y si estima oportuno escuchar y tener en cuenta su arrepentimiento,
póngales a rezar tres rosarios y diez padrenuestros y mándales a la cárcel a
expiar su culpa.Señor Rubalcaba: que
los juzgue Dios porque el juez y el pueblo ya lo hicieron y los declararon
culpables.