El pasado 9 de marzo el juez Raúl García Orejudo, Magistrado
del juzgado nº7 de Barcelona, inició lo que podría llamarse el principio del
fin del oscuro imperio de la SGAE; resolvió la sentencia por la que exculpa
de todo delito a una web que fomentaba el intercambio de archivos, el llamado
P2P. Literalmente, el juez dice que las redes P2P son legales; se puede leer
una y otra vez que “Las redes P2P, como meras redes de transmisión de
datos entre particulares usuarios de Internet no vulneran derecho alguno
protegido por la Ley de Propiedad Intelectual”.
El auto
completo son 8 páginas sin desperdicio, en las que una vez tras otra el
juez fulmina los argumentos del miedo y de la filosofía pirata que nos han
tratado de vender algunos medios durante años. Esta resolución supone un misil
en la principal línea de flotación de la SGAE, y como primera derivada en uno
de los ejes de actuación del Ministerio de Sinde (para los no familiarizados,
el mundo de Internet a rebautizado a la Ministra Ángeles
González Sinde como la ministra “sindescargas”).
Muchos llevamos años tratando de evangelizar, desde una perspectiva tanto
tecnológica como jurídica, que no se puede perseguir a los que nos descargamos
música o pelis de Internet, ni a los que tienen alguna web de intercambio de
archivos. O a los creadores de programas de intercambio de archivos. El P2P es
un excelente mecanismo para fomentar la cultura en todos sus ámbitos, ya que
nos facilita y nos acerca cualquier tipo de información (libros, documentos,
música o películas) a tan sólo un click de distancia. Y que yo sepa, el
objetivo de un gobierno debe ser fomentar la cultura entre la ciudadanía, no
enriquecer a unos pocos (la SGAE con algunos de sus llamados artistas) a costa
del resto.
Desde un punto de vista de los artistas, está más que demostrado
que las redes P2P -unidas a un buen marketing por parte de estos- les permiten
generar más ingresos y, por lo tanto, más beneficios. Cada vez son más los
músicos que no van en contra del P2P, porque entienden que no se puede ir en
contra de la corriente. No se puede ir en contra de la evolución, ni en contra
de Internet. Personalmente conozco a artistas (y por lo tanto socios de la
SGAE) que están encantados con la sentencia porque me dicen, literalmente, que ya está bien que el dinero que recauda la SGAE se lo lleven los de siempre.
En definitiva, ya era hora de que un juez parase los pies a
los que nos trataban de convencer de que éramos criminales y piratas, por el
simple hecho de aprovechar Internet y las nuevas tecnologías para nuestro ocio
y cultura. Los principales perjudicados con esta sentencia son todos aquellos
que han ido en contra del P2P: la SGAE, el gobierno (con la
ministra Sinde como cabeza de turco) y el sindicato de la ceja. Todos
los imperios tienen una fecha de inicio y una fecha de fin. Y parece que la
SGAE, con algunos actores y políticos se acercan, sigilosamente, a su fecha de
caducidad.